¿Por qué invertir en bonos de impacto social?

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Los BIS o bonos de impacto social se han convertido en un mecanismo innovador de financiación. Están dirigidos a programas sociales que condicionan el pago de las inversiones al resultado que consiguen dichos programas. Los fondos aportados, generalmente entidades gubernamentales, se invierten en el coste del programa diseñado, de tal manera que al establecerse una serie de indicadores previos sobre la efectividad y resultados prediseñados, fijando un retorno mínimo y una remuneración máxima de lograrse o superarse los objetivos previstos. Estos programas enfocan su resultado con unos indicadores medibles, acelerando la adopción de innovación social, y promueven operadores de rendimiento alto.

Como los resultados se miden de forma independiente y rigurosa, los fondos de inversiones que sostienen estos programas saben lo que compran. Eso permite adoptar y descubrir programas que supongan un equilibrio eficiente en materia de costo y efectividad, además de tener un alto impacto.

¿Cómo funcionan los bonos de impacto social?

En el mundo existen una serie de desafíos constantes entre los que podemos destacar el desempleo, la pobreza, las crisis de salud, la delincuencia, los problemas medioambientales o los relacionados con la vivienda.

Estos desajustes no se resuelven porque el dinero de las arcas estatales no da para abordar todas las estrategias que traerían las soluciones. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) se enfrentan al mismo problema. No tienen los suficientes recursos para acometer todo el trabajo que se les presenta.

¿Cómo resolver el dilema?

Con los BIS. Estos se crearon de la misma forma que otras titularidades de deuda. Ofrecen una tasa de retorno que, en esta ocasión, está atada a un objetivo medioambiental o social.

Para que pueda quedar más claro, vamos a ilustrarlo con un ejemplo:

Si un país quiere resolver el problema del empleo juvenil en una ciudad, emite un bono que ofrece una tasa de retorno concreta para aquellos que estén dispuestos a emplear y capacitar a un grupo segmentado y específico de jóvenes. Cuando este target completa su capacitación, el inversor recibe el beneficio acordado.

El país y el inversor acuerdan un proveedor de servicio, que normalmente es una ONG, y a un evaluador que se encargue de medir el éxito de los objetivos.

La rentabilidad o los réditos económicos están ligados a los objetivos, y suelen ser metas escalonadas.

¿Son rentables?

Los BIS no pagan un tipo de interés muy diferente de otros títulos de deuda. Aun así, no tienen comparación con los bonos tradicionales, principalmente porque no existe un mercado al que puedas acudir para comprarlos o venderlos.

Las inversiones que se realizan mediante BIS solo se cobran si los resultados se cumplen y, como en cualquier inversión, a mayor riesgo, mayor será la tasa de retorno.

La experiencia dice que estos bonos son inversiones bastante fiables.

Eficacia e importancia de los bonos de impacto social

Hoy en día hay más de 400 millones de dólares repartidos en 100 BIS en todo el planeta, y existen otros 70 que todavía están en fase de desarrollo.

Tras ocho años de existencia, el resultado no ha sido siempre positivo. Sus detractores acusan a los inversores de impacto, administradores, asesores, intermediarios y empresas sociales, en definitiva, a los defensores, de que solo cuentan las bondades y que ocultan la realidad.

Críticas a los BIS

Algunas de las críticas son:

 Altos costes de transacción que suponen una dificultad para que participen startups pequeñas y específicas o una ONG. Alineación de estas por la gran orientación de los inversores para obtener resultados.

 Los inversores tienen conductas perversas a la hora de seleccionar los resultados que van a garantizar el éxito por el que se percibirá una remuneración. A estas conductas se las denomina ‘creaming‘ y ‘parking‘. En el segundo caso se obvia a las personas que precisan más atención o recursos y, en el primero se presta el servicio solo a aquellas que tienen una mayor probabilidad de alcanzar los resultados previstos.

 Los intermediarios o inversores priman la rentabilidad financiera frente al impacto social.

 Falta de continuidad en las intervenciones, toda vez que los inversores han percibido su remuneración. También falta un mecanismo de retroalimentación basado en la experiencia de las intervenciones previas.

 Los bolsillos equivocados o ‘wrong pockets‘ se dan cuando la administración que se beneficia del ahorro no soporta el coste de la intervención. Así se dificulta la colaboración entre las administraciones para poner solución a situaciones complejas.

 Desajuste temporal entre las intervenciones. Los inversores quieren recibir sus pagos a corto plazo y esto no encaja con el largo plazo que precisan dichas intervenciones para consolidar los resultados sociales.

 Se prioriza la obtención de resultados por parte del proveedor sobre la ética en su consecución.

¿Están estas críticas fundamentadas?

Lo cierto es que no existen claras evidencias para respaldar las críticas y descartar, por tanto, este mecanismo como herramienta de política social.

Este tipo de productos requieren un período de aprendizaje y plantean multitud de retos. Es inevitable cometer errores y experimentar. No obstante, como los inversores y los gobiernos son conscientes de ello, tratan de buscar soluciones apropiadas, como los fondos basados en resultados o ‘outcomes funds‘.

Los BIS contribuyen a conseguir objetivos de desarrollo sostenible

Los Bancos Multilaterales de Desarrollo y el Banco Mundial acuden a los mercados internacionales de capital mediante la emisión de bonos. Estos permiten a los inversores contribuir al desarrollo planetario, al tiempo que obtienen rentabilidad de su capital.

A través de estos bonos, el Banco Mundial financia préstamos para proyectos relacionados con la educación, el medioambiente, el desarrollo social, el empoderamiento de la mujer en áreas rurales o la salud, entre otros.

Un inversor minorista tiene la posibilidad de participar de inversiones de este calado mediante ETF’s o fondos de inversión. Los índices compuestos por las emisiones de los bancos de desarrollo se pueden desgranar en tres categorías:

– Los que se emiten por bancos de desarrollo multilateral mundial.

– Los que cubren los bonos emitidos por bancos de desarrollo.

– Los emitidos por el Banco Mundial.

La idea que subyace de los bancos de desarrollo es que proporcionan una financiación accesible a los proyectos con impacto ambiental y social positivo. El Banco Mundial puede otorgar financiación a los países en vías de desarrollo a un menor coste que si ellos mismos acuden al mercado.

¿Han logrado los bonos de impacto social la revolución que prometían?

A pesar de su crecimiento, este tipo de inversión no representa más del 0,2 % de la que se genera en el mundo. Esto quiere decir que la previsión de invertir mil millones para 2020 queda lejos. No parecen haberse materializado las expectativas generadas por estos bonos como herramienta para revolucionar tanto la financiación de los servicios sociales como el tercer sector.

Los países que más experiencia tienen son Estados Unidos y Reino Unido, y un estudio del año pasado de la Universidad de Toronto afirma que han crecido mucho la frustración y el escepticismo con respecto a su utilidad real.

Polémica sobre la eficacia y el futuro

Los bonos son una propuesta adecuada para solucionar tres retos en la prestación de servicios públicos:

 La inercia en la manera de proveer los servicios, porque se fomenta la colaboración, innovación y la prevención en las intervenciones sociales. Esto mejoraría de forma notable el bienestar de los ciudadanos, lo que siempre es el objetivo de un gobierno.

 El cortoplacismo, tanto por motivos financieros como por motivos políticos.

 La fragmentación en la presentación de servicios en diferentes áreas de la administración.

Lo cierto es que no todos estos bonos cumplen con todas las características que se les atribuyen. Concretamente, las intervenciones sociales innovadoras, preventivas y la transferencia total del riesgo a inversores privados están lejos en muchos de ellos.

Son muchas las intervenciones que todavía están en curso en la actualidad y, o bien no hay disponible una evaluación o bien no hay resultados finales. Por ello es muy complicado extraer conclusiones que sean definitivas.

Sin embargo, se publicó en 2015 un estudio de referencia acerca de la experiencia global durante los cinco primeros años de vida y sí que arroja algunas claves acerca del nivel de colaboración, innovación y prevención que han alcanzado.

Prevención

En materia de prevención, la experiencia es muy positiva, ya que el estudio concluye que gran parte de las intervenciones estructuradas con bonos de impacto social se han concentrado en prevenir resultados negativos, como puede ser volver a ingresar en prisión o estar sin hogar de forma reincidente.

Como estos problemas ya existen, los BIS pueden actuar en materia de corrección más que de prevención. Este grado de prevención podría acentuarse en caso de que hubiera más BIS que estuvieran orientados a la infancia, porque está ampliamente documentado que una intervención temprana en la vida de un individuo puede evitar una lista importante de problemas en la vida adulta.

De los 100 bonos de impacto social que hay en curso, tan solo 9 están dirigidos a la educación en los primeros años y 13 están orientados a la familia y la infancia.

Colaboración

La colaboración es el denominador común que impulsa estos bonos. El citado estudio presenta ejemplos dispares acerca de esta colaboración:

 Beneficiarios e inversores para financiar intervenciones adicionales y relacionadas con el programa.

 Entre partidos políticos que impulsarán regulaciones y políticas en favor de la ciudadanía.

 Entre agencias gubernamentales distintas que coordinen y compartan bases de datos. Esto mejora la comunicación entre las agencias y se puede identificar mejor al target para prestarle la ayuda que necesite.

Innovación

En cuanto a la innovación, hay muy pocas evidencias acerca de las ventajas en este terreno. La hipotética transferencia del riesgo del sector público al privado incentiva el uso de novedosas intervenciones por medio de pequeñas empresas sociales que están más cercanas a la problemática de una comunidad y que son más ágiles.

La experiencia dice que el sector público estima un riesgo mayor en los BIS que en los fondos de inversión tradicional. Esto sucede porque este producto visibiliza el fracaso si no se cumple realmente con las expectativas que se han generado. Por otro lado, ese fracaso es relativo, ya que, aunque no se cumplan los objetivos que se han fijado previamente, eso no quiere decir que la intervención no funcione.

De todas formas, una de las ventajas de los bonos es que se pone de manifiesto el grado de efectividad real en las intervenciones, tanto para optimizar la asignación de recursos como para redireccionarlos a otras intervenciones nuevas.

La intervención puede ser más costosa y compleja si no se cumplen las expectativas. Los contratos permiten la cancelación por parte de los inversores, lo que dota de mayor fuerza a la administración para que se haga cargo de una intervención que ya se ha iniciado.

Por parte de los inversores hay un obstáculo extraordinario para la asunción del riesgo y está asociado a las intervenciones innovadoras, ya que al tener un riesgo mayor, precisan una mayor remuneración.

No obstante, sí que se quiere evitar que el sector público pague a los inversores un porcentaje muy alto de los ahorros que se han estimado. Estos bonos establecen un límite máximo en términos absolutos.

Las críticas dicen que se han venido utilizando para financiar intervenciones que ya se estaban produciendo o aquellas en las que existía suficiente documentación acerca de la eficacia.

El estudio revela que la innovación se ha enfocado en la forma en la que se llevan a cabo los programas, aumentando el tamaño de la intervención y aplicándola en un grupo distinto del habitual en el que se combinen proveedores, y no tanto poniendo el foco en el tipo de intervención por sí misma.

Pese a todos los obstáculos que se presentan, este modelo sale adelante con la ayuda de los gobiernos.

¿Deberían descartarse los BIS como inversiones?

La experiencia sobre la capacidad que tienen estos bonos para resolver los problemas de la administración es mixta. Esto quiere decir que el diseño es específico para cada bono y las circunstancias y condiciones en las que se aplica juegan un papel en la obtención o no del resultado esperado en materia de prevención, colaboración e innovación.

Lo que daría una idea más clara acerca de la eficacia de los bonos de impacto social como herramienta para revolucionar y resolver los problemas sociales más complicados por parte de la administración es dejar a un lado el análisis de las intervenciones y centrarse en las características concretas de cada bono para obtener un cambio en la manera de operar del sector público.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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